lunes, 28 de julio de 2014

El origen de una amistad milenaria


Por: María G. Velarde Aguilar y Gilda Y. Andrade Michel


Los perros fueron los primeros animales en ser domesticados, y son también la especie con la que el humano ha formado los lazos afectivos más fuertes, además de su propia especie. Actualmente existen aproximadamente 800 razas (más que cualqueir otro animal) con al menos unos 600 millones de individuos repartidos en todo el mundo.

Conocer el momento justo en el que un animal pudo reconocerse como un perro, ha cautivado e interesado a los científicos durante mucho tiempo, y la historia de cómo, cuándo y dónde ocurrió la domesticación, es todavía objeto de debate.

Se sabe que los perros (Canis lupus familiaris) descienden del lobo gris (Canis lupus), el miembro más grande de la familia Canidae, y el primer perro domesticado sería muy parecido a un Husky Siberiano, pero de mayor tamaño.

No se sabe con exactitud cuándo y dónde ocurrió la domesticación, ya que puede ser muy dificil distinguir entre los esqueletos de los perros domésticos y los lobos silvestres, especialmente en la historia temprana de los perros, cuando pudieron haber sido mucho más similares a los lobos de lo que son hoy en día.

Uno de los restos conocidos más antiguos de un cánido con apariencia de perro datan de hace unos 33,000 años en las montañas Altai en el sur de Siberia. Aunque los fósiles que datan de 12,000 a 11,000 años encontrados enterrados junto con humanos en Israel, podrían representar los primeros restos de perros verificados.

Por otro lado, algunos estudios de variación genética también difieren en cuanto al tiempo en el que los perros se separaron de los lobos, algunos indican que este evento ocurrió hace apenas unos 11,000-16,000 años y otros estudios sugieren que ocurrió hace 32,000 años.

Sin embargo, la domesticación de los perros pudo haber sido muy compleja, involucrando a distintas poblaciones como fuente de domesticación y/o varios entrecruzamiento con lobos. Actualmente se tiene evidencia de que al menos existen dos lugares de “nacimiento” de nuestros peludos amigos, uno en el Este Medio y otro en Norte América.

Tampoco sabemos porqué y cómo esas criaturas llegaron a nuestros hogares, una teoría sugiere que los humanos pudieron haber capturado a las crías de lobos y usarlos como guardianes o para la cacería. Alternativamente, cuando los humanos cambiaron de una vida nómada a sedentaria, durante la implementación de la agricultura, los lobos podrían haber sido atraidos hacia los vertederos cerca de los asentamientos humanos en busca de comida.


Ésta última parece ser la idea más probable y también la más fundamentada, ya que un estudio reciente, analizando genomas enteros, reveló que, en comparación con los lobos, los perros poseen un aumento de 7 veces el número de copias de un gen (AMY2B) implicado en la digestión de los almidones, por lo que se considera que esta capacidad de consumir y procesar alimentos de origen vegetal fue fundamental y “catalizó” la domesticación.

Imaginen a unos lobos reunidos alrededor de campamentos humanos para comer las sobras de comida. Los lobos más pequeños probablemente habrán sido más valientes y curiosos que los de gran tamaño, por lo que los lobos menos agresivos y más pequeños fueron más exitosos cerca de los humanos. A cambio, el humano obtenía un servicio de limpieza, con lo que evitaba que depredadores de mayor tamaño se acercaran, y así, poco a poco esas criaturas se domesticarían así mismas a través del tiempo.

El hombre fue apreciando características particulares de cada perro y fue eligiendo aquellos que tenían ciertos razgos que le resultaban útiles, como su docilidad, las habilidades para seguir rastros, para nadar, para ser guardianes etc, etc. y los cruzaba entre sí, de esa manera, paulatinamente fueron surgiendo caninos de una enorme variedad de formas, tamaños y cualidades.

Sin duda, uno de los cambios más sorprendentes ocurridos durante el proceso de domesticación fue la capacidad cognitiva para percibir y responder a los gestos comunicativos humanos, una cualidad única que no comparten con sus ancestros lobos, y que tampoco la podemos encontrar en nuestros parientes vivos más cercanos los chimpacés.

Quizá nunca sabremos en realidad, cómo fue que esos primeros lobos aventureros se convirtieron en nuestros amigos, pero sin duda ha sido uno de los mejores acontecimientos que le ha pasado a la humanidad ¿No crees?


Publicado en la edición semanal de El Comentario  
lunes 18 de julio de 2014 
Número 170, páginas 24-25 


Fuentes:

Larson, G. y Bradley, D. G. 2014. How Much Is That in Dog Years? The Advent of Canine Population Genomics. PLoS Genet 10(1): e1004093. doi:10.1371/journal.pgen.1004093

Lobell, J. A. y Powell, E. 2010. More Than Man's Best Friend. Archaeology Magazine of the Archaeological Institute of America63(5).


Fotografías:

1. Banco de imágenes CONABIO
2. http://www.africanis.co.za/history.htm#mery
3. doi:10.1371/journal.pone.0022821.g00
4-6. María G. Velarde Aguilar. CC BY-NC-ND. Creative Commons. No se permite un uso comercial de la obra original, ni la generación de obras derivadas.

Recomendaciones:


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lunes, 23 de junio de 2014

Los seres “extraños” bajo la lupa de la sociedad

Por Gilda Y. Andrade Michel y María G. Velarde Aguilar


Científicos: ¿seres diferentes?

En la mayoría de los casos, la idea que se ha creado en la sociedad es moldeada por los medios de comunicación, principalmente por la industria cinematográfica, que haciendo uso de uno de los géneros literarios más interesantes, la ciencia ficción, recrea en nuestra mente el estereotipo del científico: un hombrecillo (sí, varón generalmente) delgado, ojeroso, despeinado, con una bata blanca, hablando solamente con tecnicismos, desaliñado, extremadamente inteligente, tanto que no parece mortal, a veces es una figura malévola y en pocas ocasiones gasta su vida en encontrar una cura para alguna enfermedad, a grandes rasgos, esa es la versión de esta industria de palomitas.
La realidad es que los científicos, o investigadores, son personas de este planeta, comunes y corrientes, que viven sus vidas casi tan cotidianamente como todos nosotros, tienen familia, mascotas, bailan, salen a caminar a la playa etc., pero si los conocemos más a profundidad un rasgo característico es que su mente siempre se encuentra preguntándose el porqué de las cosas, investiga, observa similitudes y diferencias de lo que puede apreciar a su alrededor, aún hasta de las cosas más simples.

¿Qué tanto sabemos los mexicanos de ciencia?
Pero, ¿Qué tanto saben las personas acerca de las investigaciones que realizan los científicos? Para conocer la percepción que tienen los mexicanos acerca de varios temas de ciencia, consultamos informes generales donde el SIICYT (Sistema Integrado de información sobre Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación), hace encuestas sobre diferentes preguntas a sectores de la población por rango de edad, en este caso escogimos a un grupo entre 18 y 29 años.
Las preguntas que más nos llamaron la atención son: ¿Los seres humanos de hoy se desarrollaron a partir de la evolución de otras especies animales? El 26.6% de los encuestados respondió falso, el 66.03%, verdadero y el 7.37% no sabe. A la pregunta ¿Los electrones son más pequeños que los átomos? El 50.41% respondió cierto, el 26.8% respondió falso y el 22.79% no sabía. Para la pregunta, ¿el consumo frecuente de alimentos genéticamente modificados puede ser dañino para la salud?, 41.71% respondieron cierto, 42.89% falso y 7.4% no sabe.

Pero, ¿para qué sirve saber qué piensa la sociedad del trabajo científico?
Entre otras cosas para evaluar el nivel de conocimiento adquirido a partir de eventos o representaciones sociales; las personas construimos una realidad común basándonos en la información que tenemos disponible sobre una cosa, un objeto o un fenómeno, aunque el hecho de desmenuzarlo, repetirlo, construirlo y reconstruirlo, retocarlo para asimilarlo y que forme parte de nuestro marco de referencias, es decir, hacerlo de dominio “familiar”, implica mucho trabajo que muchas veces no es reconocido, por el simple hecho de que nuestro entorno social no se comprende que todo este proceso complejo tiene cierto nivel de dificultad, en otras palabras también tiene su chiste trabajar como científico.

¿Cuál es la verdadera labor de un científico?

Un maestro tiene habilidad para enseñar, para formar ciudadanos ejemplares con educación, un médico puede salvar vidas, un agricultor tiene la capacidad para producir alimentos, asimismo alguien con formación en Ciencias como Física, Química, Matemáticas, Biología, Arqueología, Antropología, Astronomía, tiene como objetivo contribuir a la resolución de los problemas de la sociedad, de su país, del mundo; es una persona sensible de la problemática de su entorno y es visionaria, que siente la necesidad de aclarar cada duda que surge en el proceso del aprendizaje, de la forma en que funciona la naturaleza, el hombre, el entorno… Proveedor de información básica para el conocimiento universal.

En nuestro país existen varios tipos de personas dedicadas a la ciencia, en diferentes disciplinas, pero la cantidad de personas inmersas en la ciencia directamente, es poca comparada con otras profesiones y también con otros países. Para el 2009 México contaba con un total de 25,392 científicos, lo que se traduce en sólo 0.7 investigadores por cada mil personas económicamente activas. Lo cual contrasta con los 48, 781 investigadores con los que cuenta Brasil, los 90, 810 de Canadá y ni qué decir del 1.39 millones que tiene USA y los 1.22 millones en China, sin duda las potencias mundiales saben que el conocimiento es poder.

La ciencia en los tiempos del fútbol

Hablando de los científicos brasileños, el pasado 12 de junio de este año, en el estadio Arena Corinthians de Sao Paulo, Brasil, los científicos (el equipo de trabajo incluye científicos de varios países), quisieron mostrarle al mundo uno de sus avances más importantes: un exoesqueleto que le permitirá a parapléjicos tener movilidad, dicha presentación tuvo una corta duración en la ceremonia inaugural del mundial (hecho que le costó el trabajo al director de cámaras), no se sabe qué fue lo que opacó este momento glorioso para la ciencia, se sospecha que el peso del exoesqueleto y otros factores ambientales que no fueron previstos intervinieron en el evento, pese a todo, el voluntario para usar el exoesqueleto (ex atleta Juliano Pinto que quedó parapléjico por un accidente en 2006 acompañado por el Dr. Miguel Nicolelis líder del proyecto), a un lado de la cancha y con ayuda de dos personas para sostenerse, dio la tan esperada “patada inaugural”. Acontecimientos como este, dan a la sociedad una visión más cercana a la realidad cotidiana del quehacer científico, que se conjugue deporte con ciencia y tecnología en un espacio con una exorbitante audiencia, merece una ovación.


Publicado en la edición semanal de El Comentario  
Lunes 23 de junio de 2014 
Número 168, páginas 16 y 17


Fuentes:

1. Ruiz-Ortiz, B. 2014. Los Científicos desde la ciencia ficción de Hollywood. Revista de la Sociedad Mexicana de las Ciencias.
2. Jara-Guerrero, S. y Torres-Melgoza, J. 2011. Percepción social de la ciencia: ¿utopía o distopía?. Revista iberoamericana de ciencia y tecnología. 6 (17): 57-76. 
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lunes, 9 de junio de 2014

Café, sus ángeles y demonios


Por: María G. Velarde Aguilar y Gilda Y. Andrade Michel

Érase una vez, un joven pastor llamado Kaldi que cuidaba cabras en una montaña del lejano oriente, cuando de pronto, observó que sus cabras comenzaron a comportarse de una manera muy extraña; saltaban por doquier y se les veía bastante animadas, todo esto después de comerse las hojas de un arbusto silvestre con bayas rojas. Kaldi decidió probar también aquella planta y comenzó a sentirse lleno de energía.

Intrigado por lo ocurrido, el muchacho llevo algunos frutos a un monasterio. El Abad al escuchar lo cocurrido decidió cocinar las bayas, con lo que se produjo una bebida muy amarga, la cual tiró inmediatamente al fuego. Cuando los frutos calleron a las brazas, comenzaron a despedir un delicioso aroma, así que el Abad decidió hacer una bebida con los granos tostados. Esta es la leyenda más aceptada y quizá también la más romántica de cómo se descrubió el café.

Ese delicioso y preciado líquido es hoy en día la segunda bebida más consumida del mundo, sólo precedida por el agua, con un consumo mundial de aproximadamente 2,500 millones de tazas por día. Es también el segundo producto más comercializado en el mundo, después del petróleo, con ganancias de 15,000 millones de dólares anuales para los países productores. Más de 70 paises en el planeta cultivan esta planta, pero los principales productores son Brasil, Colombia, Etiopia y la India.


A menudo, el café es consumido por sus efectos estimulantes, ¿Quién podría negar que una buena taza de café nos despierta por la mañana?. Dichos beneficios se deben a sus compuestos químicos, entre los que destaca la cafeína (1,3,7-trimetil xantina), un polvo cristalino blanco que tiene un sabor amargo. El café es la fuente más rica de esa sustancia con aproximadamente 100 mg de cafeína por cada 240 mL de café instantáneo. Se sabe que el 70% de la cafeína total consumida proviene del café, mientras que los refrescos y té contribuyen con el 16 y 12% respectivamente.

Las técnicas de procesamiento, tales como el desparafinado y los procesos húmedos, reducen el contenido de cafeína, pero generalmente su concentración se mantiene en el rango de 0.65 a 2.30%.

Algunos otros componentes del café juegan un papel fundamental en el cuidado de la salud, como el ácido clorogénico, el ácido cafeico y la hidroxihidroquinona. Estos son antioxidantes potentes y ofrecen varios beneficios para la salud, como la protección del organismo contra los efectos nocivos de los radicales libres. Su eficacia contra la diabetes mellitus y padecimientos cardiovasculares también son bien conocidos. Producen el estado de alerta a través de estimular las funciones y es un tratamiento eficaz para personas somnolientas. Su consumo moderado también puede mejorar el funcionamiento cognitivo, el sentido de la sensibilidad, así como la digestión.


Por el contrario, las pruebas relacionadas con su papel en los trastornos cardiovasculares y algunas formas de cáncer ha sido presentadas en varias investigaciones científicas. Además, el consumo de café tiende a reducir la eficacia de algunos medicamentos cardioprotectores como la atrovastatina y puede causar insomnio. Si el consumo se vuelve habitual y retirado, su abstinencia se acompaña con dolor de cabeza, fatiga, dolores musculares, etc.

 La Organización Panamericana de la Salud recomienda una ingesta de 3-4 tazas de café diariamente para mantener una adecuada salud, ya que las discrepancias de salud relacionadas con el consumo de café, a menudo se atribuyen al consumo de una cantidad excesiva de la cafeína u otros componentes.


Tomado de: Sadiq-Butt y Tauseef-Sultan, 2011

Sin duda, los beneficios a la salud asociados con el consumo de café son lo suficientemente robustos como para que se le recomiende como una bebida habitual, sin embargo, dadas las contradicciones que existen, es necesario realizar más investigaciones para despejar nuestras dudas, y recuerde usted mi querido lector que más vale “nada con exceso, todo con medida”.

Publicado en la edición semanal de El Comentario  
lunes 9 de junio de 2014 
Número 166 , páginas 8-9 


Fuente:

Sadiq Butt, M. y Tauseef Sultan, M. 2011. Coffe and its Consumption: Benefits and Risks. Critical Reviews in Food Science and Nutrition, 51:363-373.

Fotografías:

María G. Velarde-Aguilar CC BY-NC-ND. Creative Commons. No se permite un uso comercial de la obra original, ni la generación de obras derivadas.

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lunes, 26 de mayo de 2014

El lado social de la Biología


Por Gilda Y. Andrade Michel y María Guadalupe Velarde Aguilar

¿Te ha pasado que en ocasiones te sientes tan solo que no consideras que en tu cuerpo tienes otros seres? Así es, en nuestro cuerpo conviven lombrices, bacterias, hongos, etc. y todos ellos revolotean felizmente haciéndote compañía. Pero no te agobies; pues si analizas con detalle las interacciones (entre organismos) que se llevan a cabo dentro de tu cuerpo (ya sean positivas o negativas), en términos generales concluimos que éstas lo hacen funcionar de manera adecuada, aunque algunas veces nos pueden hacen pasar un mal rato…

Si bien Aristóteles definió a nuestra especie como Zóon politikon, es decir, que somos animales sociales y necesitamos de otros de nuestra especie para sobrevivir; ahora sabemos que no sólo necesitamos interactuar con otros humanos, sino que también con un complejo de organismos que forman redes de interacciones, y que son muy importantes para el funcionamiento de nuestro cuerpo y nuestro medio ambiente. Todas y cada una de las especies tiene determinada conducta que favorece o perjudica a otra, por eso es tan interesante la manera en que convivimos con nuestro entorno.

Vámonos por partes
Comenzamos mencionando que de manera general existen dos tipos de interacciones entre especies en un ecosistema: las intraespecíficas y las interespecíficas. Las primeras se dan entre organismos de la misma especie, por ejemplo las relaciones entre los progenitores y su descendencia o parientes cercanos que pueden durar períodos largos de tiempo, y sirven por ejemplo para ayudarse en la tarea de búsqueda de alimento y protección a su grupo. Tal es el caso de los elefantes, las aves migratorias que se trasladan juntas, las asociaciones entre abejas o también las que se llevan a cabo entre hormigas.

Las interespecíficas son las relaciones que se llevan a cabo directa o indirectamente entre individuos de diferentes especies como veremos a continuación, existen formas negativas y positivas de este tipo de interacción.

El lado “oscuro” de las relaciones interespecíficas
¿Te suena la canción “eres un para, un parásito…”? Pues te presentamos las relaciones catalogadas como negativas, dentro de las cuales mencionamos el amensalismo, parasitismo, la depredación y la competencia.

Iniciaremos con el amensalismo, que se caracteriza por ser perjudicial para un organismo, mientras que al otro no le causa alteraciones, es una asociación “neutra” por ejemplo algunas hierbas que viven a la sombra de enormes árboles de la espesa selva amazónica y no alcanzan un rayito de luz para crecer, son perjudicadas por  las que dominan las alturas (que disfrutan del sol y crecen “a sus anchas”).

En el parasitismo (de los más conocidos), el parásito es el que tiene más ventaja en la relación, y perjudica al huésped sin aportar alguna ventaja por su estancia en éste (aunque en ocasiones indirectamente sí podrían proveer ciertos beneficios, como los que presentamos en el No. 158); existen muchos ejemplos, pero en este caso dejamos los más comunes como las garrapatas en perros, las solitarias en humanos, las pulgas, piojos…

En cuanto a la depredación y la competencia existe un mundo de ejemplos, aunque desde un punto de vista antropocéntrico, somos los humanos los que tienen ventaja, en la mayoría de los casos, sobre otras especies.

Llevando la fiesta en paz
No sólo contamos con el lado oscuro de las relaciones interespecíficas, también contamos con el “lado positivo” dentro de esta categoría encontramos el comensalismo, mutualismo y, seguramente te resulte conocida la “simbiosis”. Esta palabra abunda hoy en día en los comerciales, su origen es griego y significa básicamente -vivir juntos-, se refiere a una cercana y prolongada asociación entre dos o más organismos de diferentes especies los cuales se benefician uno del otro.
Por ejemplo la asociación entre una salamandra moteada (Ambystoma maculatum) y un alga (Oophila amblystomatis), es un caso de simbiosis muy particular: el alga aparece de generación en generación en estas salamandras observándose en los embriones, le da consistencia y protección a los embriones de la salamandra; y se alimenta de los desechos nitrogenados que liberan éstos, el servicio que reciben los embriones a cambio es la oxigenación interna, hasta el momento de eclosionar.

Ahora abordaremos el mutualismo, una relación en la que dos individuos de diferentes especies se benefician, por ejemplo en la polinización, las flores usando sus olores y colores atraen a sus polinizadores (insectos, murciélagos…) para que éstos faciliten su reproducción, y los polinizadores a su vez, se alimentan de lo que las flores le ofrecen. Existen casos particulares e interesantes donde esta relación dura cientos de años y la interacción flor-polinizador es tan específica, que la flor no puede ser polinizada por otro organismo, por ejemplo los ficus y sus avispas polinizadoras, que al parecer han coevolucionado desde hace 60 millones de años, ¡eso sí es fidelidad!.

 Otro ejemplo de mutualismo es el que llevan a cabo las anémonas con el pez payaso, ya que éste último no resulta afectado por las toxinas de las anémonas, esto le permite vivir dentro de ellas y protegerse de depredadores, el pez payaso le regresa el favor alimentándose de los pequeños depredadores de los que las anémonas no se pueden defender.

Por último y no menos importante, te presentamos al Comensalismo: la relación en la que sólo una de las partes involucradas se beneficia, pero no perjudica a la otra, por ejemplo los animales carroñeros que siguen a los cazadores para alimentarse de sus sobras. Uno de los ejemplos más famosos es el de las rémoras, los peces que se adhieren a la superficie de tiburones, ballenas, tortugas para transportarse y para alimentarse de los restos de comida.


Te invitamos a que reflexiones sobre el rol que juegas en tu medio ambiente y a que tengas siempre en mente que cada organismo por pequeño o grande que sea, tiene un propósito en el flujo de energía dentro del ecosistema, y su presencia en ocasiones está comprometida por la perturbación de hábitats.

Publicado en la edición semanal de El Comentario  
Lunes 26 de mayo de 2014 
Número 164, páginas 16 a 18


Fuentes:
http://www.revista.unam.mx/vol.13/num7/art71/art71.pdf
http://www.ojocientifico.com/3578/que-es-y-cuales-son-las-relaciones-simbioticas

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